
En la relación México-Estados Unidos, hay una verdad inmutable que sobrevive a cualquier presidente, la cooperación en seguridad.
Con Donald Trump de vuelta con el tema Maduro solo hace que el ruido sea ensordecedor, tonos ásperos y amenazas en redes pero en la trinchera real, México nunca soltó la mano.
Compartimos inteligencia, reforzamos la frontera, extraditamos capos como Rafael Caro Quintero en febrero pasado junto con 28 más y otros 26 en agosto, incluyendo líderes de Los Cuinis, decomisamos cargamentos y atacamos las drogas sintéticas como el fentanilo. Todo sigue rodando.
¿Por qué? Porque los problemas son de raíz profunda, no de temporada. Cada día cruzan la frontera fentanilo letal, armas de grueso calibre, billetes sucios y redes criminales bien aceitadas. Ningún país los doma en solitario, es como tratar de apagar un incendio con un vaso de agua.
Trump sube la presión en los titulares, y México ajusta el paso, más colaboración, cero cesiones de soberanía. Política en la superficie, seguridad en las entrañas.
Hoy, igual que ayer, Washington pide números concretos, arrestos, kilos incautados, y México traza sus líneas rojas institucionales. No es pleito, es pacto con asteriscos.
El intercambio persiste porque beneficia a los dos lados, y la opción B sería un tema sin coordinación, sería un desastre compartido.
Para 2026, la proyección es clara, Trump apretará con aranceles vía T-MEC y exigirá más desmantelamientos de cárteles, pero México responderá reforzando a la Guardia Nacional y la inteligencia de la SSPC aunada a la de la UIF, demostrando resultados sin abrir la puerta a intervenciones invasivas.
Quedarnos emproblemados es simplismo; la historia real es más callada y efectiva, México coopera, pero a su modo. Y en seguridad, eso salva vidas.
Enfrentamos amenazas creíbles de intervención estadounidense en 2026, impulsadas por la retórica de Trump sobre cárteles como “terroristas” y presiones vía aranceles o tropas en la frontera. Para blindar la soberanía, el gobierno de Sheinbaum implementa ya medidas proactivas que demuestran control interno y fortalecen la cooperación bilateral sin subordinación.
Ya lo estamos haciendo, pero con la sensibilidad de Sheinbaum.
Dr. Luis David Fernández Araya
Colaborador Quadratin