Cadereyta, un Centro de Procesamiento, pero aún petrofacturero

El debate semántico estalló, nuestra Presidenta Sheinbaum lo zanjó con la precisión de una ingeniera, no son refinerías clandestinas, son «centros de procesamiento» . La instalación de Cadereyta, aseguró, carece de la complejidad de una refinería, una distinción técnica válida, pero ahí no se detiene en la nomenclatura, mi precisión en esta columna es ser ser una lupa sobre el dinero., pero qué se ve cuando enfoca esos galerones con pipas, esos millones de litros asegurados en Cadereyta sigue siendo el eslabón más vulnerable de la cadena criminal, el financiero.

Los Centros no son el problema, la enfermedad está en la red de empresas fachada, en las facturas apócrifas, en los 23 mil millones de pesos que la FGR detectó simulados en operaciones de «petrofactureros», la DEA lo documentó, el crimen usa el huachicol y gasolineras legales como máquinas de lavado, tejiendo una estructura que la OFAC ya sancionó . El operativo de la Guardia Nacional en Cadereyta fue táctico, un éxito, pero sin el brazo financiero que rastree esos flujos, sin la inteligencia patrimonial que identifique al dueño de las pipas, al testaferro de la gasolinera, al beneficiario final de los 671 mil litros de hidrocarburo esos centros son solo el inicio de una persecución que no llega a su destino .

El gobierno ha logrado la baja en el huachicol mediante el aumento de ventas legales, la digitalización de pagos en gasolineras es una herramienta, pero hace falta más. El verdadero poder no está en el QR que identifica el transporte ilegal, está en la capacidad del Estado para procesar datos financieros, para cruzar cuentas bancarias con permisos de la Comisión Reguladora de Energía, para inyectar recursos a una UIF que persiga al dinero y no solo al combustible.

Sin esa inversión, sin esa fuerza, los «centros de procesamiento» son lo que siempre fueron, la punta de un iceberg financiero. El dinero no se disuelve con un golpe táctico, se procesa con inteligencia, y esa inteligencia, tiene un costo.

La pregunta no es si el gobierno de Sheinbaum quiere combatir el huachicol. La pregunta es si está dispuesto a financiar la guerra que realmente importa, la de los flujos, porque sin presupuesto para PLD, sin analistas con salarios que no tienten a la corrupción, sin algoritmos que crucen datos en tiempo real, seguiremos celebrando aseguramientos exitosos de pipas mientras el dinero baila en cuentas offshore. 

Dr. Luis David Fernández Araya

Especialista en Prevención de Lavado de Dinero y Fiscalización Superior

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