Cerrar el paso al dinero del crimen, el gran reto de la seguridad nacional de Sheinbaum 

La seguridad pública no se sostiene únicamente con presencia territorial ni con operativos visibles. Las organizaciones criminales no sobreviven por su capacidad de violencia, sino por su capacidad financiera. Mientras el dinero siga fluyendo, el crimen se reorganiza.

A lo largo de mi experiencia en áreas de fiscalización, control interno y finanzas públicas, he podido constatar que las estructuras criminales no dependen únicamente de grupos armados, sino de complejas redes financieras, administrativas y patrimoniales que les permiten operar con estabilidad.

Por ello, uno de los principales retos del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum será reforzar la estrategia nacional de seguridad cerrando de manera efectiva los circuitos de lavado de dinero, que hoy continúan operando con altos niveles de sofisticación y, en muchos casos, con protección institucional.

México enfrenta un problema estructural de economía criminal. El lavado de dinero permite financiar actividades ilícitas, infiltrar sectores productivos, capturar autoridades locales y normalizar recursos ilegales dentro de la economía formal. Sin una política financiera firme, cualquier estrategia de seguridad queda incompleta.

La experiencia internacional demuestra que los países que han logrado debilitar al crimen organizado no lo hicieron únicamente con fuerza, sino siguiendo el rastro del dinero. Esta lógica ha sido constante en los trabajos técnicos en los que he participado: cuando se bloquean los flujos financieros, la capacidad operativa del delito se reduce de forma significativa.

En este contexto, la estrategia nacional debe fortalecerse en cuatro frentes.

El primero es una inteligencia financiera preventiva, no solo reactiva. No basta con congelar cuentas cuando el daño ya ocurrió; se requiere detección temprana, análisis patrimonial y trazabilidad desde el origen de los recursos.

El segundo es una coordinación real entre instituciones. La Unidad de Inteligencia Financiera, la Fiscalía General de la República, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Auditoría Superior de la Federación deben operar bajo una lógica común, compartiendo información estratégica y construyendo expedientes financieros sólidos que permitan judicializaciones efectivas.

El tercero es fortalecer la fiscalización superior con enfoque de riesgo. El desvío de recursos públicos, los contratos simulados y la facturación falsa continúan siendo mecanismos de financiamiento indirecto del crimen. Desde la experiencia en auditoría gubernamental, estos esquemas siguen representando uno de los principales puntos de vulnerabilidad del Estado.

El cuarto frente es el control institucional interno. Sin sistemas sólidos de supervisión y rendición de cuentas dentro de las propias dependencias, el dinero ilícito siempre encuentra espacios para operar. La corrupción administrativa continúa siendo el principal facilitador del lavado.

La presidenta Sheinbaum tiene la oportunidad de consolidar una nueva etapa en la política de seguridad nacional: una donde el combate financiero tenga el mismo peso que el operativo.

Cerrar el lavado de dinero no es un asunto técnico menor. Es una decisión de Estado.

Porque cuando se bloquean los recursos, se debilita el poder criminal. Y sin poder financiero, la violencia pierde fuerza.

Ahí se juega hoy una parte central de la seguridad del país.

Dr. Luis David Fernández Araya

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